Un aullido en la noche,
un llanto resonante,
un lamento indescriptible,
son sentimientos de un lobo atormentado.
Un lobo lleno de sufrimiento,
con unos ojos que revelan su angustia,
con un color pardo,
con un pelaje sueve y sedoso.
Un lobo atrapado,
con un matiz en la voz,
que rebela su frustración
y también su temor.
Pero su prisión es tranto física como mental,
una prisión corporal,
ese lobo esta encerrado en un cuerpo,
un cuerpo humano.
Un lobo condenado,
a estar en un cuerpo que no es el suyo,
condenado a oír a los otros lobos aullar,
felices, eufóricos, afortunados...
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